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Mirando desde la ducha

Tenía un deseo animal, carnal, la idea de ser poseída por aquel vecino mirón hizo que mi sexo comenzase a rezumar sus propios jugos, mezclados con el agua que chorreaba entre mis piernas separadas, la sensación contraria del ardiente calor de mi interior, con el agua que ahora me parecía casi helada en comparación me hizo temblar de un extraño placer.

Llegué a casa sobre las 8, con la mente aún nublada de las horas pasadas en el trabajo, entre tantas cifras y números, una termina pensando que se va a transformar en una máquina como el propio ordenador, pero ya daba igual estaba en casa y hasta mañana, el resto de la noche era mía. Agotada, necesitaba relajar mi cuerpo, disfrutar de mí y de mí tiempo. Tras dar un par de vueltas por la casa, cerveza recién sacada de la nevera en mano, decidí que lo mejor sería deshacerme en un largo y cálido baño. Retiré la sombra de ojos y el rímel, clavé mi propia mirada verdosa en el espejo. Si no fuese casi por obligación del trabajo, me gustaría poder disfrutar de mi cara y rostro limpio y sin pintar…

Llevé un par de toallas y alguna vela aromática al baño, y tras dejar las cosas preparadas cuidadosamente, me desnudé para darme una ducha caliente, podía notar los nudos de mi espalda cada vez que me agachaba a colocar las cosas, estaba tensa y necesitaba relajar mis músculos. Salí una última vez para tirar la lata vacía de cerveza a la basura y regresé al cuarto de baño, cerré la puerta y miré agradecida el ambiente que acababa de crear en este pequeño santuario. Las velas desplegaban su perfume por toda la estancia, cerré los ojos y fui oliendo una a una sus fragancias para después sentir como se mezclaban entre ellas. El cuarto de baño donde estaba la bañera tiene una ventana que conduce a un patio interior. Recuerdo como en verano me quedaba horas dentro del agua sin volver a poner agua caliente, solo con la luz del sol entrando por el cristal. Lástima que ahora sea invierno, pensé.

Vivo en una cuarta planta y encima de mi piso no tengo a nadie, pero si frente a él, y sinceramente al estar en el último piso, nunca me había preocupado de que con ese sol que me gustaba sentir en la bañera, entrasen otras cosas… Hasta hoy.

Me adentré en el cuarto de baño, abrí el grifo y lo dejé correr. Mientras comencé a desnudarme, dejando los vaqueros tirados en el suelo para no pisar con los pies descalzos los fríos baldosines, acompañada del ronroneo del agua al caer dentro de la bañera, aproveché en cuanto se llenó un poco para poner un poco de aceite, no quería burbujas, pero si un poco de aroma. Tenía la ventana entreabierta, lo noté en cuanto el vapor comenzó a moverse hacia ella. Cuando me acerqué para cerrarla, me pareció ver de refilón una especie de sombra quieta en la ventana que tenía frente a mí. Por un instante me extrañé y miré más fijamente para saber de que se trataba.

Una luz cálida, como de una lámpara de lectura o de sobremesa, dejaba salir un poco de claridad a través de un visillo por cortina de color beige y detrás lo que sin duda era la forma de un cuerpo. Me quedé pensativa. Por un momento quise pensar que era casualidad. Era casualidad que mi vecino estuviera detrás de la cortina mientras yo me metía en la bañera, lo más posible es que únicamente esté leyendo en la sala, junto a la lámpara, aprovechando la tranquilidad de la noche… Pero no se muy bien porqué, un par de pensamientos tan traviesos como morbosos se pasaron por mi mente… Y decidí dejar la ventana tal y como estaba, entreabierta y ver si era casualidad o si mi vecino era un mirón como los de las películas.

Algo sobresaltada, por mis propias ideas, salí del baño y volví a la cocina, saqué otra cerveza fría y espumosa y mientras le daba un largo trago pensé sobre lo que creí haber visto… Apuré la cerveza tan rápido como mis primeras inhibiciones desaparecían. Sonreí divertida y marché de nuevo hasta el cuarto de baño, volví a cerrar la puerta y continué todo donde lo había dejado.

Me metí en la bañera, comprobando lo calentita y agradable que estaba el agua. Agarré el mango de la ducha y comencé a regar mi cuerpo con un agua tan caliente que de la impresión inicial, se me estaban poniendo los vellos de punta. Notar como con la misma velocidad con la que el agua se evaporaba sobre mi piel, se marchaban mis molestias musculares, mis problemas… y mis inhibiciones, era algo excitante. El agua se deslizaba por cada centímetro de mi piel, mi pelo, mis pechos… De vez en cuando no podía evitar deslizar la mirada con los ojos entornados de malicia hacia la ventana, imaginándome el poder saber si mi vecino seguía ahí, disfrutando del espectáculo.

Me moví dentro de la bañera, para alcanzar un bote de gel… Y allí estaba. Su figura se dibujaba a través del visillo. Él solamente podía apreciar a través de mi ventana mi cara y mis hombros… Pero parecía que le era suficiente, pues no se movía ni un centímetro de su posición. Mientras me enjabonaba comencé a fantasear… Fantasear con bailar envuelta en jabón para él dentro de la bañera, con la idea de que un repentino golpe de viento abriese de par en par mi ventana, incluso… Con la posibilidad de masturbarme en mi dormitorio para que me viera… Fue algo que me vino a la mente de forma completamente repentina, como una idea más, pero extrañamente esta se quedó más tiempo grabada en mi mente… Y a cada movimiento que hacía con mis manos, deslizándolas por mis ahora resbaladizos senos, cubiertos de espuma, mi vientre, brillante mientras el agua corría por el… Mmmmm…

La idea me fascinó. Me encantó imaginar a mi vecino en su sala, sudando por la fabulosa visión que yo le ofrecía… Masturbándose mientras su vecina incauta y sedienta de placer, se lo daba a solas y sin ninguna prisa en su dormitorio, pero sobre todo, incapaz de dejar mi vena más divertida, me fascinó imaginar la cara que pondría cada vez que me cruzara con él en las escaleras. A medida que mi cabeza fantaseaba, mis manos, como si no tuviese ningún control sobre ellas, se habían deslizado hacia debajo de forma instintiva, ante el constante reclamo de mi sexo palpitante que se adelantaba a los futuros acontecimientos.

Con mis dedos jugando alrededor de mis labios carnosos e hinchados, mi respiración se agitaba, haciéndome tomar más aire, llenando mis pulmones de un aire denso que parecía nublar mi vista, como una droga. Cuando por fin la yema de uno de mis dedos rozó mi clítoris por un instante, mientras continuaba su avance para abrir mi hambrienta gruta, mi mente se disparó. Tenía un deseo animal, carnal, la idea de ser poseída por aquel vecino mirón hizo que mi sexo comenzase a rezumar sus propios jugos, mezclados con el agua que chorreaba entre mis piernas separadas, la sensación contraria del ardiente calor de mi interior, con el agua que ahora me parecía casi helada en comparación me hizo temblar de un extraño placer.

Me imaginé por un momento follando con él, nada de amor, nada de sentimientos externos al goce y placer, lo imaginé de forma brusca y rápida, como me latía el corazón ahora, imitando las contracciones que sentía en lo más profundo de mí, ahora que el más valiente y explorador de mis dedos, jugaba por dentro de mí. Lo imaginé diciéndome que podría hacerle todo lo que una mujer sin nada más que instintos le haría a un hombre, lo pensé diciéndome que me deseaba por encima de ninguna otra cosa, que deseaba poseerme, y que me poseía, mi boca, mi rajita completamente abierta, mi trasero… Me poseía por completo y yo era lo único que deseaba.

Imaginaba su miembro duro y reluciente por la excitación, y mis labios lamiéndola de arriba a abajo, lo imaginé dentro de mí, empujándome con sus caderas de una forma bestial, alocada. Lo imaginé chupando mis tetas, lamiendo mis pezones, con ligeros mordiscos según se endurecían presa del gozo, tirando de ellos, asfixiando su verga entre mis tetas, lo imaginé recorriendo cada centímetro de mi cuerpo con sus labios y con sus manos, con su lengua, con sus dedos… Ya era demasiado, y mi clítoris hinchado y tembloroso me pedía mucha atención. Toda mi atención. Ya no era dueña de mis ideas, solo sabía que estaba demasiado caliente como para escoger ninguna otra opción, así que en una fracción de segundo, lo decidí. Decidí masturbarme para él.

Me enjuagué a toda prisa, me sequé con la toalla, peiné mi pelo rubio, pero lo dejé mojado y me fui corriendo para mi cuarto. Tenía la persiana abierta, pero la cortina echada, así que sin demasiado disimulo, la corrí por completo, como sino supiera que él estaba ahí mirándome. Me senté en el borde de la cama, tomé unos de los taburetes que tenía en mi habitación para alcanzar a los altillos de los armarios, y sentándome sobre la cama, apoyé mis pies en ellos. Solo por un instante llegó a mí ser una imagen de claridad. Me veía a mi misma haciendo lo que estaba haciendo… Y me gustó, y me excitó terriblemente. Allí estaba yo, completamente desnuda y con mis piernas especialmente abiertas para que mi vecino pudiera contemplar todo mi cuerpo y mi sexo… Mi coño húmedo.

Mi coño húmedo… Mmm, trataba de pensar como estaría él describiéndome, con ese lenguaje sucio del pervertido mirón, que en esta ocasión, era ideal para este morboso juego. Comencé a tocar mis pechos, rodeaba mis pezones con mis dedos, los pellizcaba y después abría la mano para rodear mis senos por completo y acariciarlos a placer. Estaban duros, erectos, quizás por la idea de que eran sus dedos los que lo hacían, quizás por la idea de que estaba mirándome… Pero lo importante es que sensaciones de cierto dolor, pero sobre todo de tremendo placer estaban ahogando mi cuerpo.

Tomé uno de ellos con mi mano y mientras lo acariciaba de forma delicada, repentinamente cambié el ritmo y me lo llevé hasta mi boca… Deslicé mi lengua húmeda por mi pezón, lo mordí, mis pezones para este momento ya estaban duros como piedras, estaban mojados por mi saliva, y mis dientes sobre ellos eran como millones de descargas eléctricas que recorrían mi cuerpo en apenas segundos. Mi respiración comenzó a acelerarse más, mientras sentía como me subía el color rojo, rojo de sangre, rojo de pasión, por toda mi piel.

No pude hacer más esfuerzos y me rendí a todos mis impulsos. Mientras que con una mano tocaba mis pechos, me llevé la otra hasta los pegajosos labios de mi sexo. Comencé a frotar mi clítoris con dos dedos, juntos y completamente tensos, lubricados en parte por mi propia saliva, y el resto de el rocío de excitación que poblaba esa sonrosada zona, aprovechando esa fluidez de movimientos para imaginar que era su lengua la que por él se deslizaba… Más y más deprisa, en apenas un par de minutos me vi. Hablando para nadie, en mi habitación vacía, o quizás para él, desde el otro edificio, pero lo que empezaron siendo gritos en mi mente que me espoleaban a continuar, pronto se entremezclaron con gemidos, para ser verdaderas órdenes que yo misma me daba, quizás él desearía decirme lo mismo…

Y hacerme lo mismo.

Mi espalda se arqueaba, mi cabeza se echaba hacia atrás, todo mi cuerpo ahora funcionaba bajo la necesidad de mi sexo, mis gemidos se hacían más intensos, mis labios, enrojecidos y abiertos al encontrarse completamente hinchados, se lubricaban más y más, mis dedos se deslizaban divinamente por ellos de forma descontrolada, no era capaz de sostener las caricias sobre mi excitadísimo clítoris, y eso era como tener un amante juguetón que quería verme suplicar y retorcerme de placer en lugar de hacerme acabar antes de disfrutar lo suficiente de este juego.

Levanté la cabeza con mis mejillas completamente encendidas y mis ojos vidriosos, y desplacé mi mirada hacia la ventana de mi vecino. El también era presa del deseo… Era presa de mí. Había corrido el visillo y estaba desnudo, frente a mí, podía ver perfectamente el movimiento de su brazo derecho, sonreí de forma lasciva mientras no detenía ni uno de mis movimientos para él. El me correspondió casi de forma sorprendente, retirándose un poco de la ventana y dejándome ver ese tieso miembro que estaba acariciándose machaconamente de arriba abajo. No podía ver con demasiada claridad, pero me la imaginé enorme, con una cabeza brillante y muy roja… Como me puso verlo así, tan excitado, con la cara desencajada, mirándome como un obseso, acompañando su paja con la mía.

Cuando ni siquiera frotándome con varios dedos de una de las manos me era suficiente, bajé la otra que aún masajeaba mis pechos para que colaborase en mis más primarias necesidades. Metí dos de mis dedos dentro de mí, comencé a moverlos como si fuera su… Polla. Si era su polla en mi coño… quería que estuviese ahí dentro, moviéndose a la velocidad endiablada con la que giraba yo mi muñeca para hacer bailar mis dedos. Comencé a retorcerme, a jadear porque los gemidos eran demasiado altos y me ahogaban, dejándome sin aire para respirar, a morder mis labios, a recorrerlos con mi lengua, lentamente y mirándole fijamente a él, mí pervertido, para excitarlo aún más…

Le hacía gestos con mi lengua, con mis ojos, mientras mantenía mis piernas lo más separadas que podía, con mis muslos tensos y duros como piedras por la tensión que estaba acumulándose en mí, anunciándome que pronto tendría un orgasmo, un orgasmo que se avecinaba tremendo por las sensaciones que tenía hasta ahora.

Comencé a darme prisa, a mover mis dedos más rápido, era increíble como se deslizaban, de mi sexo fluían hilos brillantes y transparentes de mi lujuria en esencia pura, pequeñas contracciones se convertían en grandes oleadas de placer, cada vez que rozaba en mi interior ese pequeño lugar que era la cúspide de todos mis gozos, y más de verlo a él tocándose ese pedazo de carne, nervuda y tensa, caliente y palpitante, un enorme falo que ahora por encima de todo desearía que mi cueva inundada se comiese, de ver como ese maldito obseso no paraba de pajearse y mirarme con ojos casi salidos de sus órbitas, pues ya no dudaba que lo estaba haciendo para él. Sólo para él.

Empecé a jadear con más fuerza, mi orgasmo se acercaba, notaba algo dentro de mí que me iba a llevar al séptimo cielo. Un río de gozo que nubló mis ojos y comenzó a marearme, invadió mi cuerpo, empezando por mis muslos mientras mis dedos hacían las últimas penetraciones, ascendiendo hasta mi coño donde se me clavaban centenares de agujas haciéndome apretar y apretar, hasta llegar a mis pechos, poniéndome la piel de gallina, y finalmente llegar a mi boca, con los labios secos de no poder cerrarla desde hacía rato, y dejar escapar mis últimos y profundos gemidos, casi gritos mientras mi orgasmo daba sus últimos coletazos. Mi cuerpo cayó rendido hacia atrás, en la cama.

Necesitaba recuperarme, necesitaba controlar mi respiración, estaba mareada, me sentía como sobre un barco, en esa cama todo se movía a mi alrededor sin ningún control. Cuando pude me incorporé, y mi primera y turbia mirada fue hacia la ventana.

Mi vecino aún seguía, seguía moviendo su mano, sus movimientos eran muy rápidos, debía estar a punto de llegar a su orgasmo… Estaba apunto de correrse… Mis pensamientos eran más palabras entre susurros, como queriendo que le llegasen hasta sus oídos. Yo mientras estaba sentada en mi cama, mirándolo, ahora era yo la mirona, la pervertida que iba a contemplar como descargaba ese chorro de esperma caliente, era yo la que iba a imaginar que ese chorro descargaba en mi interior aún palpitante… En mi cuerpo aún ardiente… En mi boca aún sedienta.

Pero todavía no había acabado el show, la diversión y la malicia volvieron a mí y pensé que quizás debía darle un empujoncito… Me llevé de nuevo una de mis manos hasta mi rajita, aún extremadamente sensible y completamente cubierta por mis zumos de pasión, mirando fijamente a mi vecino, deslicé uno de mis dedos de arriba abajo, muy lentamente, le enseñé ese brillante dedo a mi vecino y lo acerqué hasta mi boca, dejando asomar mi lengua hasta casi tocarlo, él ya no podía verlo tan claramente…

Pasé mi lengua por su alrededor, como si estuviese saboreando los restos de mi fuerte orgasmo, entonces fue cuando pude ver la corrida de mi vecino, que no pensó ni en las cortinas ni en la pared ni en nada… Excepto en mí, mientras él apretaba su miembro para aumentar las contracciones a cada una de las cuales eyaculaba, solo podía pensar en mí… Me levanté de la cama, bajé la persiana y me fui de nuevo al cuarto de baño a tomar una ducha, pero esta vez de agua fría.

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La ducha de la doctora

Otra vez vuelta a la soledad del piso, creo que me equivoqué al venirme a vivir aquí sola. A veces incluso pienso que me equivoco teniendo un piso, o teniendo una vida fuera del hospital. Allí soy alguien, me encanta cuando se dirigen a mí. Doctora.. Pero en la calle me pierdo entre todos y no soporto ser alguien más – necesito una ducha bien caliente que me relaje- Es verdad. Que Diego trabaje allí también es un buen aliciente- sería mejor si de vez en cuando me viera como mujer y no como su jefa-

A veces creo que tontea con las enfermeras para darme celos, siempre tan encantador, con esa sonrisa que pone siempre cuando pregunta si necesito algo- claro que sí, Diego, necesito que me eches un buen polvo, joder, es que no te das cuenta- Haber si la ducha me relaja-

Creo que hoy me hizo especial ilusión ver a Diego, o por lo menos eso me dicen mis bragas. Me va a venir bien olvidarme de todo. No sé por qué me engaño a mi misma, cualquiera sabe que estoy loca por él- voy a pasar de la esponja, prefiero extender el jabón con las manos, aunque sean las mías, voy demasiado caliente y no me puedo aguantar- pero el se lo pierde. Me encanta echarme el jabón por las tetas y dejar que resbale, ahhh. Un poco más y ya sí que empiezo a extenderlo con mis manos- si fueran las suyas- masajeándome con fuerza, hasta que los pezones se me ponen bien duros- Diego, si vieras como los tengo ahora..., seguro que te gustarían mis tetas, con unos pezones bien grandes para que los mordieras y los lamieras- Sé que a veces se te escapa alguna mirada a mi escote. Acaso crees que me pongo así para estar más comoda? Me encanta ver en tus ojos el deseo. Deseo de abrirme la camisa y sacármelas fuera. Sé que te gustan grandes, como las mías. Que te mueres por comprobar que nunca llevo sujetador si ese día voy a verte.

Como me estoy poniendo con el masaje y el agua caliente recorriéndome, no sé si voy a durar mucho. Cojo el mando de la ducha y bajo con él hasta mi coño, uhm, que gusto ponerme el chorro de agua directo, bien caliente, que abra mis labios. Si supieras la de veces que me he tocado pensando en ti en el trabajo. Si supieras que a veces voy sin bragas a la consulta soñando con que un día me vas a tumbar en la camilla y me vas a follar allí mismo. Cada vez estoy más cachonda y voy bajando mi mano hasta el centro de mi calentura. Me tiemblan las piernas de gusto y empiezo a rozarme con mi mano. Lentamente, haciendo círculos cada vez más pronunciados alrededor de mi rajita depilada. Por momentos siento la tentación de meter algún dedo, pero hoy quiero que dure, quiero disfrutarlo hasta no poder más. Una mano en mi coñito y otra en mis tetas, si me vieras ahora seguro que me follabas.

Mi mano ya me recorre desde el culo hasta el clítoris y con tanto jabón se me escurre un dedito dentro de mi culo. Uhmm. Como me gusta sentirme puta y meterme ese dedo en mi culito, con mucho jabón, que me resbale, que entre y salga. A ti te dejaría que me la metieras por el culo, Diego. ¿Cómo la tendrás? Seguro que muy gorda, me encantan gordas, sentir como ocupan todo mi coñito cuando me embisten, que me llenen la boca cuando la chupe. Si la tienes así de gorda es mejor que me meta otro dedo, así todo será más real. La verdad es que no me cuesta mucho trabajo y no sé si es por el jabón o porque tengo el culo algo dilatado de tanto gusto.

Estoy muy caliente, hoy sería capaz de cualquier cosa, lástima que no estés aquí. Sé que eres como todos, que te gusta que seamos unas zorritas, yo podría ser tu putita si tu quisieras. Yo cumpliría todas tus fantasías.

No voy a aguantar más, necesito terminar. Me siento en la bañera y noto que me estoy meando. Sé que para mucha gente esto es un inconveniente. Para mía es todo lo contrario, me encanta mear mientras me ducho.

Abro mis piernas todo lo que puedo y me coloco de tal manera que el agua de la ducha me dé directamente en mi coñito. Con la mano derecha empiezo a tocarme las tetas y con la izquierda empiezo a rozarme todo el coño. Utilizo toda la mano para rozarme entera, quiero sentirlo en todo mi coño. Ya casi me viene y ahora es cuando viene lo mejor. Casi sin esfuerzo comienzo a mear, ufff, que gusto, rozarme mientras me meo, me falta muy poco diego. Me encanta sentir el calor de mi coñito mientras me toco. Necesito más, voy a meterme un dedo y después otro, ya no aguanto, me voy a correr, me da igual que se enteren los vecinos, diego, ya me viene, ahhhhhhh.

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Jugando con mi culo

Sábado por la noche. Salgo de trabajar del bar y me dirijo a mi casa. El trabajo de camarero no es que sea mi favorito pero tiene una ventaja y es que puedes ver a cantidad de chicas dispuestas a lo que sea por tener sexo esa noche. Por desgracia para mi, no es que yo sea un bellezón, más bien todo lo contrario: mido 1.75, peso más de 95 kilos (estoy un poco rellenito), llevo gafas y no soy muy agraciado de cara. Vamos, que lo tengo casi todo para hacer un anuncio de cirugía estética pero cuando sacan las imágenes del ANTES. A si que, una vez más, vuelvo solo a casa pero con la mente llena de pensamientos calientes, imaginándome lo que haría yo con alguna de esas chicas.

Nada más llegar a casa veo que no hay nadie. "¿Dónde estarán todos?" me pregunto. Son las 4 y media de la madrugada y es muy raro que a esas horas no haya nadie. Me acerco a la cocina y veo una nota que pone: "Nos quedamos en casa de tus tios a pasar la noche. Volvemos mañana por la tarde" ¡Qué alegría me dá esa noticia! Así podré dar rienda suelta a mi más oscuro placer: la penetración anal.

Como ya les he dicho, estoy soltero y nunca he tenido suerte con el sexo opuesto a si que me he dedicado a hacer juguetitos caseros para metérmelos por el ano a falta de pareja para que me ayude en esa labor. Les contaré cómo pasé esa noche de locura y desenfreno anal con la única ayuda de mis manos y mi imaginación.

Después de dejar encima de la mesa todos los trastos que tenía en los bolsillos comencé a desvestirme. Hacía muy buena temperatura en la casa a si que no me preocupé de ponerme nada y así poder disfrutar mucho mejor de mis juegos.

Lo primero que hice fué irme al baño. Cogí la ducha y desenrosqué el difusor dejándo que cayera todo el agua que había dentro. En el extremo de la manguerita puse buena cantidad de gel para que resbalara y lo puse en la entrada del ano. Como no era demasiado grande entró con bastante facilidad y metí unos 10 centímetros. No era necesario meter más puesto que mi intención era la de hacerme una lavativa del recto. Abrí el grifo del agua fría y empezó a inundarse de agua. Esa sensación al entrar el liquido frío es una delicia. A lo primero te dan escalofríos pero luego el cuerpo se acostumbra. Cuando ví que ya había suficiente cierro el grifo y, poco a poco, saco la manguerita. No tardé ni 15 segundos en tener que sentarme a descargar todo. Cuando estuvo vacío volví a meter otra vez agua (menos cantidad esta vez) e hice la misma operación.

Con mi culo reluciente y bien limpio me voy a mi dormitorio y preparo mis "juguetes" en la mesa junto a unos guantes de látex y vaselina. El primero que se estrenó fue un pequeño plug echo con el tubo de plástico de una jeringa (sin aguja, por supuesto) y al cual puse unos flecos de cuero dándole la apariencia de una cola de caballo. Puse vaselina en la punta del tubo y fué insertándose suavemente. Al estar sólo en casa me puse a gemir como si me fuese la vida en ello. Cuando hizo tope sólo quedó a la vista los flecos colgando. Empecé a mover el culo de un lado a otro para sentir el roce del cuero con mi culo y a la vez contraía el esfínter para retenerlo dentro. La polla estaba ya durísima. Me entretuve bastante rato con ello metido. Para ver mejor mi culo me puse a cuatro patas frente al espejo del dormitorio. ¡Era tremendamente excitante ver salir de mi agujerito esa cola! Aproveché para seguir meneandole durante un rato más.

Preparé mi próximo aparato. Con el canuto de un rollo de papel de aluminio (unos 28 cm) y el plástico en el que vienen guardados los juguetillos de los huevos de chocolate (para ponerle una punta redondeada y asi facilitar la penetración) tenía hecho una especie de falo de 33 cm. de largo y 4 cm. de ancho y que en alguna ocasión he conseguido introducirle entero. Para darle apariencia de consolador esta recubierto de cinta plástica de color negro. Le puse un condón (prevenir ante todo) y le embadurné bien de vaselina. Cuando estuvo preparado saqué el de los flecos y pongo en la entrada la punta de este. Me tumbo boca arriba encima de la cama y, con las piernas subidas y el culo bien abierto, empieza a entrar. Poco a poco, muy suave para no hacerme daño, voy sintiendo el roce en mi interior. En esa posición me facilita bastante la penetración pero, llegado un punto, ya no entra más a si que me preparé para hacerle llegar hasta lo más hondo de mí. Me incorporo con cuidado para no hacer un mal movimiento y, una de vez de pie, poso la base del falo casero en el borde de la cama. Poco a poco comienzo a hacer fuerza hacia abajo, como si me fuese a sentar en ella. Así se consigue, con un poco de maña, hacer entrar hasta el máximo el consolador. Al rato estaba totalmente dentro de mí. En esta situación es muy complicado moverte con facilidad a si que me puse de nuevo a 4 patas encima de la cama pero con la almohada entre mis piernas. Comienzo a sentarme encima de ella y empiezo a notar como presiona fuertemente en las paredes del recto. Por cada movimiento que hago una agradable sensación me recorre entero. Una vez he llegado a tocar la almohada un gran gemido sale de mi boca. El roce de la tela junto a la presión que hago al sentarme me provoca que salga de mi pene unas cuantas gotas de líquido preseminal. Empiezo a cabalgar sobre ella, como si estuviese montando a caballo y en cada movimiento salen más y más gemidos. Estaba llegando a un placer incalculable y sólo pensar que tenía 33 cm. de aparato dentro me subía la adrenalina al máximo. Con mi mano derecha empiezo a pajearme suavemente, pues no quiero correrme antes de tiempo. Más liquido preseminal sale por la punta. Al cabo de un rato de cabalgadura intensa me pongo boca arriba de nuevo. En esta posisión empezaba a salirse de dentro a si que aproveché para el bombeo. Cogí la base del falo con la mano y fui metiendo y sacandole rítmicamente, como si otra persona me estuviene follando. En mi mente me venía la imagen de una chica jugando conmigo en la habitación, cogiéndome fuerte por detrás. Eso me puso a mil a si que cogí más velocidad y, con la mano libre, masajeaba el pene. Mi culo estaba muy caliente, casi ardiendo de tanto mete-saca. Tenía muchas ganas de acabar pero me contuve, pues el último juguetito era el que más me gustaba.

Para poner la guinda a la noche tenía mi preferido, unas bolas chinas echas con papel y film y recubiertas con cinta plástica. Las hice de menor a mayor tamaño y al final del todo puse una argolla para tirar de ellas. Estas al ser más cortas que el falo las metí dentro de un guante de látex (no iba a gastar dos condones esa noche, estamos en crisis) y embadurné con vaselina. Saco el gran falo de mi culo y veo al espejo el agujero que ha quedado. Deje reposar para que cerrara el esfinter un poco. Pasaron escasos minutos y me preparé de nuevo. Esta vez me puse de lado, con la pierna derecha levantada para dejar la entrada bien despejada. Puse primera bola en la entrada y se hizo al interior con suma facilidad. La segunda no tardó mucho en acompañarla. Tod@s los que hayan probado las bolas saben la sensación de estar constantemente abriendo y cerrando el ano. Cuando la última de las bolas se alojó dentro volví a sacarlas. Y asi varias veces hasta que ya no podía más y me masturbé con unas ganas terribles. Justo cuando estaba a punto de venirme agarré la arandela de las bolas y cuando el semen empezó a salir tiré de repente de ellas. Grité muy fuerte de placer. Un gran chorro de lefa salpicó la pared y empapó el edredón. Estaba exhausto, respirando fuerte y con las pulsaciones aceleradísimas. Jamás había disfrutado tanto jugando con mi culo y me prometí volver a repetir la experiencia otro día.

Como pueden comprobar las mejores armas que se tiene para llegar al placer más intenso son sus propias manos y su mente. Les invito a que prueben y exploren nuevas formas de jugar con su cuerpo.

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